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EL DOMINICANO QUE YO CONOZCO

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EL DOMINICANO QUE YO CONOZCO

Pase con confianza y siéntese. No se me quede afuera que aquí no comemos gente”, “Aquí hay un tasita de café recién hecha, tome un poco”, “¿Usted comió? porque donde come uno comen cuatro”, “Vecino tenga un racimito de plátano recién cortado que le traje del campo”… Estas son solo algunas de las costumbres con las que los dominicanos hemos crecido, pero que así mismo hemos adoptado las generaciones venideras como parte de nuestra cultura hospitalaria.  Y sin que sea un secreto para nadie es uno de los aspectos que más extrañan los que han tenido que residir en tierras extranjeras por las razones que sean.

En este sentido, cuando de turismo se habla es usual que se mencionen en primer orden nuestros deslumbrantes paisajes como país caribeño que somos, las playas, ríos, los famosos resort todo incluido, entre otros aspectos que hacen de la República Dominicana un destino que con el tiempo se ha preocupado por tenerlo todo; pero más allá de las comodidades que pueden encontrar el  turista que decide conocer el país de primera mano nunca deja de mencionar el carisma y hospitalidad del dominicano.

Esa calidez humana y trato cercano que tanto nos caracteriza y que es tan difícil de encontrar en países que gozan de un mayor desarrollo socio económico, se ha convertido con el tiempo en una marca distintiva difícil de olvidar una vez se abandona el país e invita a regresar. De hecho, en muchas encuestas de satisfacción sale a relucir como un elemento positivo de nuestra nación.

En sentido general los dominicanos somos  alegres, “bullosos” y “relambios”, esto lo ponemos de manifiesto desde el primer saludo con un beso en la mejilla seguido de una enorme sonrisa porque “agarramos” confianza de una vez y si te vemos más de dos veces seguidas nos despedimos con un gran abrazo porque se nos hace que te conocemos de toda una vida.

Aspectos culturales como estos, simples para unos y exagerados para otros, son los que realmente debemos preocuparnos por mantener como dominicanos, ya que es ese calor humano el que hace sentir a los visitantes extranjeros como en su casa.

Muchos son los elementos que pueden hacer de un país una experiencia especial, pero nada se comparará a esa taza de café recién hecha para darle la bienvenida a la mañana o para compartir algunas anécdotas luego del almuerzo, o ese vaso de agua ofrecido con tanta sinceridad en el momento menos esperado o en el que más se necesita para combatir el calor.

La verdad es que el dominicano que yo conozco es buena gente, generoso y desprendido; además de ser lo más genuino, natural, ocurrente y espontáneo del mundo.

Kilssy Mendez

Directora, Larimar Magazine. Periodista, comentarista del programa radial "Expresión Popular y apasionada del turismo.

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